Sonia Lekuona
Bustān Rummān
2024
Escultura
36 x 37 x 37 cm (aprox.) / 457 g
Bustān Rummān (Granado) pertenece a la colección Al-Ándalus. Bustān narra la historia de un jardín andaluz reinterpretado: un lugar de belleza, cultivo y contemplación que hoy en día se materializa en forma de escultura vegetal. En este caso no es el árbol frutal sino su fruto lo que se ha querido abstraer de este tipo de jardines.
Inspirada en el concepto del bustān, evoca la esencia del huerto andaluz. En la literatura persa y árabe, «bustān» significa «huerto», un espacio idealizado de armonía, belleza y abundancia, pero más allá del significado genérico del término, se interpretaría como un espacio simbólico de belleza, cultivo y deleite. Con este tapiz, ese jardín no solo se evoca, sino que se habita: donde cada fibra, cada brillo y cada textura condensa la nostalgia de un paraíso andaluz reinterpretado en el mundo contemporáneo.
En este caso, se hace referencia a la granada, «rummān» en árabe, introducida en Al-Ándalus hacia el siglo VIII. La forma sugiere al fruto del granado, en un modo reinterpretado.
Materiales
Esparto majado-cocido e hilo recocido de latón
Proceso
La obra comienza con una base de esparto trenzado individualmente, fibra a fibra, lo que garantiza una estructura inicial sólida. De esta plataforma surgen las «ramas» que permiten elevar y construir el volumen final de la pieza. Este gesto, que evoca el crecimiento orgánico, marca el inicio de la transición entre lo estrictamente funcional —típico de la artesanía tradicional— y lo puramente expresivo. El hilo de latón recocido de 4 mm, añadido posteriormente, se integra utilizando la misma técnica tradicional. Su maleabilidad semirrígida es esencial para definir la morfología de la pieza, permite modelar curvas, dobleces y tensiones de forma intuitiva, casi aleatoria, creando un sutil contraste entre la calidez mate del esparto y el brillo discreto del metal. Este diálogo entre materiales, lejos de ser meramente decorativo, introduce un doble significado: por un lado, remite a las raíces históricas del esparto como material humilde y cotidiano; por otro, añade una dimensión contemporánea a través de la presencia del latón, que actúa como eje estructural y estético. La etapa final del proceso consiste en «peinar el esparto» utilizando una herramienta específica del oficio. Este gesto, utilizado tradicionalmente para ordenar y refinar las fibras, adquiere aquí un valor simbólico: es el momento en el que la pieza alcanza su carácter definitivo, un equilibrio preciso entre el control técnico y la espontaneidad formal. Todo el procedimiento se lleva a cabo sin herramientas, salvo en algunos momentos concretos en los que se utilizan una aguja, un peine y dos carretes metálicos para tensar el hilo durante la colocación. El resultado es un conjunto ligero cuya estructura trenzada —cada vez más abierta y separada a medida que se eleva— permite contemplar la pieza desde cualquier ángulo, revelando diferentes densidades de luz y sombra. Esta transparencia deliberada rompe con la percepción habitual del esparto, tradicionalmente asociado a trenzas compactas como las pleitas.