

María Parejo
Casa-cordero / La casa atada
2025
Sobre la pieza
En esta pieza de la serie La Casa Atada, el hogar aparece como esa arquitectura simbólica que al mismo tiempo cobija y constriñe. Bajo su forma de casa austera y cerrada, emerge la figura de un cordero, recostado con las patas atadas, como signo de la domesticación interiorizada. El dibujo, ejecutado en azul de cerámica, remite a la tradición del objeto doméstico —vajilla, azulejo, ornamento—, y sin embargo se transforma en signo de tensión: el cordero, animal de inocencia y sacrificio, se convierte en metáfora del individuo atrapado en las normas familiares. Referencia directa al célebre cuadro Agnus Dei (1635-1640) de Francisco de Zurbarán, donde el autor presenta precisamente un "cordero de Dios" con las patas ligadas, en una actitud pasiva y sacrificada. Museo del Prado La alusión a esa obra es significativa: al igual que Zurbarán utilizaba el animal para evocar lo divino y lo entregado al sacrificio, esta pieza emplea el cordero atado para señalar la entrega forzada, la obediencia aprendida, la domesticación del deseo dentro del espacio del hogar. El brillo del azul cerámico, la textura matérica de la pieza y la geometría cerrada de la casa funcionan como eco contemporáneo de aquella iconografía barroca, trasladando el sacrificio al terreno de lo cotidiano, de la familia como institución. En el conjunto de La Casa Atada, esta obra dialoga con otras en las que animales diferentes —atados o no— cruzan las paredes de la casa-contenedor para revelar la tensión persistente entre cuidado y control, pertenencia y privación, refugio y encierro. Aquí el cordero atado no solo denuncia: su quietud habla de una conformidad interior, de la renuncia silenciosa que habita en los muros familiares.







